Muchas ermitas pequeñas y sencillas salpicaban la remota ladera de la montaña, cada una ofreciendo un retiro solitario para los monjes que buscaban la iluminación espiritual.
Después de un ajetreado año de viajes, la autora esperaba con ansias varios periodos de reclusión en una cabaña tranquila para concentrarse en escribir su nuevo libro.