






























Decir "Siempre estoy mintiendo" es un ejemplo perfecto de paradoja, porque si es verdad, entonces debe ser falso, y si es falso, entonces debe ser verdad.

La sugerencia del terapeuta de que no se preocupara por su ansiedad fue una intervención paradójica confusa, destinada a ayudarla a darse cuenta de que podía controlar sus pensamientos más de lo que creía.