Después de ganar el concurso de ortografía, Maya caminó por los pasillos de la escuela con un andar orgulloso notable y una amplia sonrisa en su rostro.
El vestuarista isabelino ajustó cuidadosamente los pliegues de la gorguera, utilizando un instrumento para ajustar los pliegues para lograr la forma deseada de abanico.