
El discurso del político, lleno de lágrimas forzadas e historias exageradas de dificultades, era pura sensiblería barata, no logrando conmover a nadie y, en cambio, provocando solo un silencio incómodo.


El discurso del político, lleno de lágrimas forzadas e historias exageradas de dificultades, era pura sensiblería barata, no logrando conmover a nadie y, en cambio, provocando solo un silencio incómodo.


El clímax dramático de la película, que pretendía ser profundamente conmovedor, se convirtió en banalidad cuando el héroe, en lugar de pronunciar un discurso poderoso, resbaló con una cáscara de plátano.

La obra se estaba construyendo hacia un clímax dramático, pero el héroe tropezando con un gato en el momento crucial introdujo una repentina e hilarante caída que hizo reír a carcajadas al público.
