



















El ático de su abuela estaba lleno de caprichos: muñecas viejas, monederos con cuentas y figuritas de porcelana que tenían valor sentimental pero poco uso práctico.

En la reunión familiar, el tío Joe entretuvo a todos con viejos caprichos que había aprendido de joven, cantando baladas alegres sobre la vida en el campo.

Durante el recreo, Sarah les mostró a los otros niños cómo jugar a los jacks con estilos de juego especiales, lo que lo hizo mucho más desafiante que solo jugar de forma sencilla.








