


















En El paraíso perdido de Milton, las «agencias sobrenaturales» de Dios y Satanás, en forma de ángeles y demonios, impulsan las grandes batallas y las decisiones fatídicas de la epopeya.





En su obra, el director utilizó máquinas elaboradas, bajando a una actriz vestida de diosa desde el techo para entregar el mensaje crucial que resolvió el conflicto, un ejemplo clásico de deus ex machina.




