Mientras caminábamos cerca del arroyo de montaña, vimos un mirlo acuático que se balanceaba sobre una roca antes de zambullirse en el agua para buscar insectos.
En el siglo XIX, antes de que nadar fuera común, el balneario contrataba a un ayudante de bañista para ayudar a los visitantes mayores a entrar y salir de forma segura del agua fría del océano.