El albañil alineó cuidadosamente cada ladrillo, asegurándose de que las concavidades (las depresiones en la superficie del ladrillo) miraran hacia arriba para ayudar a que el mortero se adhiera correctamente.
La exhibición del museo mostró cómo los soldados usaban presillas para conectar sus espadas a sus cinturones, lo que les permitía moverse libremente en la batalla.