El carpintero alineó cuidadosamente los dientes al final de la viga con las espigas en el poste, asegurando una unión fuerte y estable para la estructura de madera.
El antiguo pozo de la mina se sostenía precariamente con solo unos pocos pilares de carbón desiguales, lo que recordaba a los mineros el peligro siempre presente.