El cazador colocó cuidadosamente el señuelo, una paloma viva atada a un pequeño bloque de madera, con la esperanza de atraer a otras palomas a su trampa.
El carpintero de ribera inspeccionó cuidadosamente el pequeño canal en el costado del velero alto, asegurándose de que fuera lo suficientemente fuerte para sostener los obenques de los estays y mantener el mástil seguro.