






























El trabajador metalúrgico se inclinó hacia la placa pectoral de la taladradora, usando su pecho para estabilizar la herramienta y aplicar la fuerza suficiente para perforar un agujero limpio a través del acero.



El dorador levantó cuidadosamente la delicada hoja de oro con un pincel de marta, luego la transfirió a la paleta para aplicarla con precisión al marco del cuadro.





El relojero ajustó cuidadosamente la paleta para asegurar que la pequeña palanca se enganchara suavemente con el volante, permitiendo que el reloj mantuviera la hora exacta.



El antiguo libro de texto médico describía cómo el cirujano medía cuidadosamente tres onzas de solución en la taza antes de administrársela al paciente.